LA SINFONÍA DE LOS POLICHINELAS

LA SINFONÍA DE LOS POLICHINELAS

La obra, en definitiva, es un canto a la libertad. La Mansión, como Leviatán poderoso, como ejemplo de Estado totalitario, no permite el menor resquicio de individualidad. Por ella pasa un desfile de máscaras sin pulso, domesticadas por la omnipotente batuta del Abuelo, el cerebro que maneja los hilos de la ley y del orden, ayudado por la elite dominante del ‘Private Club’. En ella, Elbo vive su penosa existencia de inadaptación y lenta rebeldía. […] ¿Qué es el poder sin obediencia? ¿Qué es la ley sin el deber? Cuando esta ley no es consensuada y el poder es impuesto, el individualismo, destructor de la idea misma de obediencia y deber, es el enemigo. […].La rebelión de Elbo, su desobediencia al Abuelo, al todopoderoso padre Estado, fue íntima, lenta y callada; pero cuando salió a la luz, se convirtió en una galerna incontenible que, lejos de especulaciones freudianas, rompió el férreo corazón de quien manejaba los hilos de su destino. Dueño de su vida y de su libertad marchó decidido a seguir su camino, mientras sus pisadas se iban perdiendo entre la nieve que no cesaba de caer, como si quisiese arrojar un blanco telón sobre su afligido pasado. […] Así nos lo cuenta Antonio, el narrador, con la inestimable ayuda de Ido, el enigmático inconsciente transformado en una especie de feto, cojitranco imaginado.

¿Quién no se ha sentido en algún momento de su vida un Elbo cualquiera?